lunes, 25 de mayo de 2015

MALBARIA // CAPÍTULO 2

CAPÍTULO   2

Cuando llegué a casa me encontraba fatal, me dolía todo el cuerpo y tenía muchísima sed. Entré a la cocina y bebí por lo menos tres litros de agua ¡No lo entendía, no era normal! Nunca había tomado tanta cantidad. Pero además de ese extraño comportamiento, empecé a sentir fuertes pinchazos en el cuello. Corrí hacia el baño y me horroricé al contemplar mi rostro en el espejo. Grandes sarpullidos recorrían mi piel. Me ardía. Impregné mis dedos de una crema con olor a frambuesa que Evelyn nunca me dejaba usar. Esto alivió un poco el dolor.

No quería que Eve se enterara de que estaba enferma y decidí ponerme un pañuelo azul alrededor de cuello que ella me regaló hace un par de años. Al cabo de varias horas mi piel volvió a la normalidad. Me relajé un poco y me tendí sobre la suave alfombra de color pastel que ocupaba el centro de mi cuarto, cogí unos de mis libros favoritos y me sumergí entre sus páginas. Estaba tan distraída que no noté que Evelyn había vuelto hasta que me llamó:

-¡¡¡¡ Allisoooon, la comida está lista!!!- gritó.

Di un brinco para levantarme y cerré el libro.

-¡Voooy!
 
Eve me hizo un interrogatorio sobre mis nuevos amigos, sobre los lugares que había visitado y sobre el chico que me acompañó ayer a casa. Cómo no, escuchó el numerito que montamos en el porche.

-  Sí, bueno, es uno de los amigos de Maya es muy borde conmigo y aparenta ser el típico chico que solo le importa su aspecto y mantener su imagen de tipo duro y popular – noté cómo se me revolvían las tripas al hablar de el, no se porqué, no me gustaba, ni siquiera me caía bien – Es todo fachada.

-  Yo creo que se comporta así contigo porque quizás quiere llamar tu atención. Y por lo que veo ya lo ha conseguido.
Esta conversación estaba comenzando a ponerse incómoda. Me levanté y quité la mesa.

- ¿Llamar mi atención? Porfavor Evelyn no digas tonterías.

                                                         *

   Maya y yo quedamos en la playa. Allí estaban todos de nuevo, me saludaron con mucho entusiasmo.

-  ¿Estáis preparados para hacer surf? – exclamó una chica rubia que llevaba una enorme tabla blanca en uno de sus brazos.

- Claro- respondió Maya mirándome – Ally, supongo que no sabes ¿no es así? No te preocupes, es sencillo con la práctica.

 Comencé a ponerme nerviosa, cómo iba a decir delante de todos que me daba miedo el agua, quedaría muy mal, tal vez incluso se reirían ¿Una chica de dieciséis años que no sabe nadar? No, tenía que inventarme una excusa y rápido.

-No os preocupéis, yo os miro, me duele bastante la garganta y no quiero empeorar- mi voz sonó insegura, entrecortada- Supongo que será por el cambio de temperatura. No estoy acostumbrada a este calor.

Me encontraba un poco aburrida observando como se divertían y gritaban cada vez que una ola se acercaba. Me dio envidia.
Percibí un fresco aliento a menta en mi nuca, me sobresalté y vi su cara a pocos centímetros de la mía. Don perfecto.

-¿No piensas bañarte o pretendes huir cada vez que me veas?- me susurró al oído.

-No me apetece, gracias- contesté con tono irónico.

Liam se alejó corriendo a la playa con un bañador negro que le llegaba a las rodillas,  un dorso fuerte y brillante y una tabla de color azul marino sobre el hombro para después deslizarse sutilmente sobre ella.


 De repente volví a sentir un pinchazo en el cuello, y otro  y otro más. Y la necesidad de beber agua brotó de mi interior. ¿Esto era una broma? ¿Qué le estaba pasando a mi cuerpo? 


Entré en el bar más cercano, bebí tanta agua como pude y me encerré en los aseos esperando que  desaparecieran aquellos horribles sarpullidos...





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