CAPÍTULO 2
Cuando llegué a casa me encontraba
fatal, me dolía todo el cuerpo y tenía muchísima sed. Entré a la cocina y bebí por
lo menos tres litros de agua ¡No lo entendía, no era normal! Nunca había tomado
tanta cantidad. Pero además de ese extraño comportamiento, empecé a sentir
fuertes pinchazos en el cuello. Corrí hacia el baño y me horroricé al
contemplar mi rostro en el espejo. Grandes sarpullidos recorrían mi piel. Me
ardía. Impregné mis dedos de una crema con olor a frambuesa que Evelyn nunca me
dejaba usar. Esto alivió un poco el dolor.
No quería que Eve se enterara de
que estaba enferma y decidí ponerme un pañuelo azul alrededor de cuello que
ella me regaló hace un par de años. Al cabo de varias horas mi piel volvió a la
normalidad. Me relajé un poco y me tendí sobre la suave alfombra de color
pastel que ocupaba el centro de mi cuarto, cogí unos de mis libros favoritos y
me sumergí entre sus páginas. Estaba tan distraída que no noté que Evelyn había
vuelto hasta que me llamó:
-¡¡¡¡ Allisoooon, la comida está
lista!!!- gritó.
Di un brinco para levantarme y
cerré el libro.
-¡Voooy!
Eve me hizo un interrogatorio
sobre mis nuevos amigos, sobre los lugares que había visitado y sobre el chico
que me acompañó ayer a casa. Cómo no, escuchó el numerito que montamos en el
porche.
- Sí, bueno, es uno de los amigos de Maya es muy borde
conmigo y aparenta ser el típico chico que solo le importa su aspecto y
mantener su imagen de tipo duro y popular – noté cómo se me revolvían las tripas
al hablar de el, no se porqué, no me gustaba, ni siquiera me caía bien – Es
todo fachada.
- Yo creo que se comporta así contigo porque quizás
quiere llamar tu atención. Y por lo que veo ya lo ha conseguido.
Esta conversación estaba
comenzando a ponerse incómoda. Me levanté y quité la mesa.
- ¿Llamar mi atención? Porfavor Evelyn no digas
tonterías.
*
Maya y yo quedamos
en la playa. Allí estaban todos de nuevo, me saludaron con mucho entusiasmo.
- ¿Estáis preparados para hacer surf? – exclamó una chica
rubia que llevaba una enorme tabla blanca en uno de sus brazos.
- Claro- respondió Maya mirándome – Ally, supongo que no
sabes ¿no es así? No te preocupes, es sencillo con la práctica.
Comencé a ponerme nerviosa, cómo iba a decir
delante de todos que me daba miedo el agua, quedaría muy mal, tal vez incluso
se reirían ¿Una chica de dieciséis años que no sabe nadar? No, tenía que
inventarme una excusa y rápido.
-No os preocupéis, yo os miro, me
duele bastante la garganta y no quiero empeorar- mi voz sonó insegura,
entrecortada- Supongo que será por el cambio de temperatura. No estoy
acostumbrada a este calor.
Me encontraba un poco aburrida observando
como se divertían y gritaban cada vez que una ola se acercaba. Me dio envidia.
Percibí un fresco aliento a menta
en mi nuca, me sobresalté y vi su cara a pocos centímetros de la mía. Don
perfecto.
-¿No piensas bañarte o pretendes
huir cada vez que me veas?- me susurró al oído.
-No me apetece, gracias- contesté
con tono irónico.
Liam se alejó corriendo a la playa
con un bañador negro que le llegaba a las rodillas, un dorso fuerte y brillante y una tabla de
color azul marino sobre el hombro para después deslizarse sutilmente sobre
ella.
De repente volví a
sentir un pinchazo en el cuello, y otro
y otro más. Y la necesidad de beber agua brotó de mi interior. ¿Esto era
una broma? ¿Qué le estaba pasando a mi cuerpo?

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