En mi mundo, todos
somos perfectos. Absolutamente todos. Nuestras facciones, nuestros
cuerpos, nuestros movimientos, nuestras vidas, todo lo que hacemos es
perfecto. Nunca envejecemos, simplemente un día nuestro corazón
deja de latir, y ahí termina todo para los Enyers. Así nos solemos
llamar. Esta es nuestra sociedad, basada en la perfección.
Veréis, cuando
todos nacemos tenemos características y facetas únicas, pero al
comenzar a crecer, estas se van suavizando hasta desarrollarse en la
perfección. Después de crecer y al llegar a la adolescencia, somos
realmente perfectos.
Pero, a veces, este
proceso en el que acabamos siendo impecables, se ve frustrado por un
defecto que no consigue eliminar nuestro organismo, y algunas
personas acaban siendo defectuosas. Son los llamados imperfectos.
Según las leyes
con las cuales se rige nuestro estado, estas personas son nuestro
mayor enemigo encarnado en un cuerpo, la incorrección. Si alguien
conoce a una persona la cual ha cumplido recientemente la edad de 16
años y que tiene algún, por pequeño que sea, defecto, deberá
avisar a nuestras autoridades que detendrán al individuo para
hacerse cargo de él.
Una vez, conocí a
un imperfecto. Era nuestro anterior vecino, vino a cenar a casa un
par de veces mucho antes de su detención. Edmun, así se llamaba,
tenía un dedo más en el pie. Nunca supimos quien avisó a las
autoridades, pero siempre sospeché de su hija. Después de
detenerle, nunca más volví a verle.
Me llamo Nayha y
vivo en Apolíneo. Así se llama nuestro mundo. Tengo 15 años, y mi
familia es como la del resto, consta de 4 miembros, una madre, un
padre y un hijo de cada sexo. Así es como se llega a ser una familia
perfecta.
Mi vida se basa en
obedecer a mis padres. Ellos son los encargados de enseñarnos y de
educarnos.
El único color que
se nos permite utilizar es el blanco, el color protector, que marca
la pureza, la paz y el confort.
Nadie lo sabe, pero
mi color favorito es el azul. No un azul platino reflectante, como la
mayoría de edificios que pueblan Apolíneo, sino el azul de de una
noche clara, de esas en las que podemos distinguir algunos planetas y
nuestros satélites con una enfoque que ni siquiera se asimila a nada
conocido.
Vivo, como todos los
Enyers en uno de los miles de rascacielos que existen. Nuestras
calles están pobladas por robots, que nos ayudan a los Enyers en el
día a día, y que se encargan de el mantenimiento de las plantas y
de los suelos.
Mi mundo a primera
vista puede resultar exuberante, en una palabra, perfecto. Pero lo
que nadie sabe es que debajo de todo este mundo blanco y
deslumbrante, se encuentran los imperfectos. Allí es donde son
llevados, y lo que nadie sabe es lo que se les hace. Muchas personas
hablan de que son sometidos a la ciencia para intentar crear
medicinas y vacunas con sus organismos, otros sin embargo, dicen
haber escuchado que allí se intentan transformar a los imperfectos
en enyers, con un tratamiento experimental.
0 comentarios:
Publicar un comentario