¿Qué era eso? ¿Qué eran aquellas
mariposas que intentaban escapar de mi, o tal vez yo intentaba
escapar de ellas? Aquella batalla se jugaba en mi estómago.
Mientras ellas se reían de mi, de mis
actos, mi cerebro luchaba en su contra. Alguien que estaba a mi favor
por fin. Pero ¿ y si yo estaba realmente a favor del corazón?
Mientras esta guerra seguía campando a
sus anchas en mi interior, mis sentimientos estaban en una vaivén.
Había situaciones en las que, con tan solo mirarle lo único que
deseaba era lanzarme a sus brazos y dejarme llevar, sí, dejarme
llevar... Sonaba bastante bien, y sólo imaginarme algo con él hacía
que mis mariposas comenzaran de nuevo a tener vida, como si algo les
diese cuerda y se alimentasen de ello. Pero, volviendo a la realidad,
eramos amigos. Sí amigos.
Una vez leí en una encuesta que en la
mayoría de amistades entre personas del sexo opuesta había, al
menos, un leve grado de atracción. En su momento, me pareció
desorbitante. Aquello no podía ser real, siempre habría alguna
amistad en la que no interviniese el amor, estaba claro... Aunque
ahora, no estaba tan segura.
Un mensaje me alejó de mis
pensamientos. Era él, volvía a ser él. ¿Qué querría ahora?
“ Nos vemos a las 6 en el parque.
PD: Naya, compra gominolas.”
Una leve sonrisa se me
dibujó en la cara, y acto seguido me dejé caer en las espumosas
sábanas, que me iban tragando como si se tratara de el mismísimo
mar.... El mar de mis sentimientos.
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