CAPITULO 4
Era absurdo todo lo sucedido. Dejé de dar vueltas a los
molestos sarpullidos del cuello y a lo
adorable que me había parecido Liam aquella noche. El sueño se fue apoderando
de mí y caí rendida en mi cama.
La pequeña muchacha
gritaba, chillaba, pataleaba, mi impotencia aumentaba por momentos. No podía
hacer nada. Allí estaba yo paralizada mirando como las fuerzas de la niña se
iban agotando, su vida se desvanecía en el mar. No podía hacer nada. Debía,
tenía que actuar. Reunir todo el valor suficiente para adentrarme en el
aterrador mundo submarino. Sabía como acabaría todo aquello, el final era predecible.
Acabaría ahogada como aquella niña. Pero algo me decía que nada era imposible y
que era capaz de hacerlo, de superar mis miedos. Decidida, eché a correr hacía el
agua. Apareció Liam y me agarró por la cintura impidiéndome el acceso a la
orilla. Luché por soltarme, le golpeé pero el se negaba a dejarme avanzar.
-¡NOOO!- grité, el sudor me recorrió la frente y me caí desde
la cama al suelo de mi habitación. Las mantas estaban tiradas y hechas un
ovillo. Una pesadilla horrible.
Decidí despejarme. La mejor opción, lo que me ayudaba a
evadirme de mis pensamientos era correr. Sobre todo a aquellas horas en las que
podías ver el reflejo del amanecer en las cristalinas aguas. Así que me propuse
hacer esta actividad un ratito todos los días. Cogí todo lo necesario y salí.
Tomé el mismo camino que el día anterior.
Al llegar a la cala me arrodillé para atarme los cordones de
mis deportivas.
-
¿Vienes cansada? Has tardado más de lo que esperaba.-
Liam como no, ya ni siquiera me pareció raro verlo allí.
-
La verdad es que no ¿Cómo sabias que iba a venir?
-
Tu madre nos dijo en la cena que te gustaba correr por
las mañanas y como ayer viniste pues pensé que tal vez hoy también lo harías.
-
¡Que inteligente! –dije mejorando la larga cola de mi
pelo.
-
He pensado en algo. Sígueme.
Me llevó por un estrecho sendero hasta que comenzamos a
subir por unas escarpadas rocas durante un cuarto de hora.
Al fin llegamos a la parte más alta de la montaña. Me quedé
boquiabierta. No era una montaña era un enorme acantilado. Las vistas eran increíbles.
Se quitó la camiseta de un tirón dejando a la vista su
marcado y trabajado abdomen. Lo miré con los ojos muy abiertos. No iría a hacer
lo que yo me imaginaba ¿verdad?
-
Te va a encantar, no hay tanta altura solo unos cuantos
metros.
-
Estás completamente loco. No pienso saltar por ahí.
Mi pulso empezó a acelerar. Parecía
una bomba a punto de explotar. Liam quería y esperaba que yo saltara. No podía
hacerlo. Me asomé lentamente al borde del precipicio. Miré hacia abajo. Aquello
daba autentico vértigo pero ese no era el problema que me impedía saltar.
-Ya, verás Liam, me da vértigo y
no soy capaz de hacerlo, está demasiado alto.
-
Lo hacemos juntos. No tengas miedo.
Mierda. Mi cuello me
empezó a arder ¿Qué hacia? Me iba a estallar la cabeza. No podía más. Me quité
la camiseta quedándome en ropa interior.
-
Está bien. -¿Qué? ¡Que coño estaba haciendo! Por qué
había mencionado esas dos palabras. Entonces lo entendí. La presión que la
mirada de Liam ejercía sobre mi bloqueaba mis pensamientos, no pensaba solo
actuaba.
Sonrió. Me cogió del brazo, nos
alejamos unos quince pasos del borde y…
Nos precipitamos hacía el vacío.
El tiempo se congeló. Fue como
volar. Todo fluía por un segundo dejé de pensar.
-¡NO SÉ NADAR!-grité.
Entonces la gélida agua se deslizó
por nuestros cuerpos. Liam salió a la superficie. Pero yo me quedé
inmovilizada. Me sumergí cada vez más.
A la velocidad de la luz ví el
rostro de Liam muy cerca de mí. Me agarró. No, era imposible la velocidad con
la que buceó para rescatarme. No era humano. Me solté de el y noté cómo todos
los poros de mi cuerpo se abrieron y me sentí diferente. Respiraba bien.
Incluso mejor que en la superficie. Liam se petrificó al verme. Sus ojos se
transformaron en amarillos. Y por su expresión, los míos también. ¿Qué éramos?

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