CAPITULO 3
Diez llamadas perdidas, de Maya
obviamente. Apagué el móvil, no me apetecía dar explicaciones. Regresé a casa
tras una hora encerrada en aquellos baños.
Para mi sorpresa Evelyn me saludó
dándome un beso en la mejilla, llevaba un vestido muy elegante que hacía años
que no usaba. Las ondas doradas de su cabello caían delicadamente sobre sus
hombros y se había maquillado más de lo habitual.
-¿A dónde vas tan guapa?
-Hoy vienen a cenar mi jefe y su
hijo ¿No te importa, verdad?- estaba cansada, la verdad es que no me agradaba
mucho la idea.
-No me importa- dije con
resignación.
-Vale arréglate, no tardarán en
llegar.
Abrí mi armario y eché un vistazo
a mi ropa formal. Me decidí por un vestido celeste y me arreglé el pelo recogiéndolo
en una trenza. Me miré en el espejo. No estaba nada mal. El timbre sonó.
-Estas preciosa cariño -dijo
Evelyn- te presento a Edward, mi jefe.
-
Encantada- tendí mi mano para saludarlo, no era muy
mayor y sus ojos me recordaban a alguien.
-Lo mismo digo Allison, es un
placer conocerte.
Me quedé muda al verlo entrar. No
me lo creía ¿Qué hacía el aquí? ¿Quién lo había invitado?
-Este es mi hijo, se llama Liam.
-Papá ya nos conocemos, nos presentó
Maya.- Me recorrió el cuerpo con la mirada y después la aparto bruscamente.
-Me alegro de que ya os conozcáis-
dijo Edward satisfecho.
La cena fue bastante extraña.
Mientras que Evelyn y Edward hablaban, yo me limitaba a mirar hacia abajo y a
contestar todo lo que me preguntaban. Me sentía muy incómoda cuando Liam me
observaba detenidamente. Pero por si no había tenido suficiente aquel día,
Evelyn contó todos y cada uno de “mis trapos sucios”:
- Cuando llevaba a Allyson de
pequeña a la playa se comía toda la arena que podía- Estaba comenzando a
enfadarme – Otro día la dejé con una niñera que tenía que llevarla al colegio,
era imposible vestirla decía que solo yo podía hacerlo y la tuvo que llevarla
en pijama… - me estaba avergonzando, me tapé la cara.
Las carcajadas de Liam se iban
haciendo cada vez mas intensas. Me levanté de la silla y me fui al porche.
Observar las estrellas desde allí
no estaba mal. Había sido un día horrible, estaba cansada. De repente percibí
su dulce y fresco aroma. Se sentó a mi lado. El silencio entre los dos me pareció
agradable y me extrañó no recibir ninguna burla más por su parte.
- Ya te has reído suficiente por
hoy ¿No?- seguí contemplando la oscuridad de la noche.
- No quería que te enfadaras, no
esperaba que reaccionaras así- no apartaba la mirada de mi rostro- lo siento.
Parecía tan diferente…
-
Liam, no pasa nada, se qué es tu forma de ser. Pero hoy
he tenido un día de perros – sus ojos eran muy intensos, brillaban demasiado.
-
Está bien. Me alegra que no seas la clase de persona
que reprocha el carácter de los demás, cada uno es como es y no me siento
orgulloso de cómo soy pero supongo que no puedo cambiar– una sonrisa brotó de
su mandíbula.
Se hizo de nuevo el silencio, giré la cabeza para mirarlo y
sus ojos y los míos se encontraron a una escasa distancia.
-
Ha sido un placer. La comida estaba exquisita Evelyn-
Edward salió por la puerta, esto me dio la ventaja de apartar la mirada de Liam
y poner fin a aquella extraña situación, que hacía que mi estómago se
revolviera.
Me cogió del brazo de manera que
me obligó a observarlo de nuevo.
- Para mi también ha sido un
placer, Allyson Green.

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