Con los ojos cerrados, las manos cogidas y la mirada hacia el frente , caminamos lentamente sin pensar mucho acerca de nuestra atrevida acción. Recuerdo que cuando íbamos por la mitad empecé a temblar y el trayecto se hizo eterno, no se veía con claridad el final, pero eso no nos detuvo.
Comenzaron a vislumbrarse una multitud de ramas, las apartamos y... nuestra sorpresa fue enorme. Una extensa pradera de margaritas se hallaba ante nuestros ojos, el sol brillaba como nunca lo había hecho, los vivos colores, los aromas... todo, absolutamente todo era perfecto.
Y allí, ese oculto y maravilloso paraíso se convertiría en nuestro pequeño wonderland, descubierto gracias a una imaginación impecable y un atrevimiento que no todo el mudo es capaz de lograr. Fue otra de las muchas locuras que se ha añadido a nuestras lista y que poco a poco os contaremos con mas detalle.
0 comentarios:
Publicar un comentario